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"La Vida en Pareja ha Cambiado"

Quienes hemos cruzado la mediana de la vida, estamos acostumbrados a los lazos de la afectividad entre hombre y mujer enmarcados en un esquema de vida llamado “amor romántico”. Bajo este pensamiento el hombre se enamoraba de una mujer, o la mujer del hombre, se casaban y constituían una especie de sociedad dispuesta a compartir, gozar y sufrir juntos, con una preponderancia masculina importante, ya que era el “jefe del hogar” y la mujer ocupaba por lo general un rol secundario. Los tiempos han cambiado, el amor de pareja es distinto y tiende a la simetría.

pareja

Estudios recientes demuestran que más del 50% de nacimientos del último tiempo en Chile, se han producido en parejas fuera del matrimonio. Ello es consecuencia también de esta modificación que se comenta.

“El casamiento es bueno, lo que resulta difícil es la convivencia”. La frase corresponde a un agricultor de Brasil, de costumbres sencillas radicado en el interior de Minas Gerais. Este sencillo campesino, dijo en simples palabras, lo que han logrado luego de décadas de estudios destacados sociólogos a lo largo del siglo XX.

Se trata de identificar y describir un dilema formado por el ideal romántico fundado en la expectativa de compartir infinitas emociones intensas, y por otro, el amor romántico como núcleo afectivo de la familia moderna.

Estas dos dimensiones del amor se fueron haciendo cada vez más irreconciliables. La sociología de las relaciones íntimas del siglo XXI ha constatado en forma general, el fin del romanticismo y la aparición de un amor post-romántico (el actual) donde se vive con la pareja el Amor y la Amistad en conjunto.

En lugar del romanticismo tendríamos hoy, según los post-románticos, parejas unidas por la amistad en una alianza de conveniencias. El amor romántico, el tradicional, el que conocíamos hasta hace poco, en cuanto a ideal, promete el reconocimiento pleno de las singularidades personales proyectando a los amantes hacia un universo propio que los desconecta del mundo social externo y los lleva, tal como lo dijo Octavio Paz, a la “aceptación voluntaria de una fatalidad”.

Funde, formas de amor anteriores que nunca andaban juntos, a saber: la pasión sexual y el afecto emocional; el amor, el matrimonio y muy frecuentemente el deseo de reproducción y la constitución de una nueva familia.

La literatura feminista aporta un grave defecto que aún persiste, que ha llegado a constituir el llamado “machismo” que ya es una forma obsoleta de mirar la relación.

La posibilidad de liberación individual proporcionada por el amor romántico, es unilateral, ya que en la idealización romántica, le cabe al hombre el papel de sujeto de la actividad amorosa. Es él quien conquista y domina el mundo nuevo de emociones, mientras que la mujer es el objeto del (auto) descubrimiento masculino. A ella le toca esperar pasivamente que un hombre la elija como meta de su pasión, despertando también en ella, mujer, los impulsos del amor. De esta asimetría del amor romántico se desprende que el sacrificio de la mujer en la vida privada, al encargarse del cuidado de la casa y de los hijos, le permite al hombre conquistar el mundo público, la política y los placeres mundanos.

Esta asimetría fue dando lugar, cada vez más, a una búsqueda de una igualdad entre mujeres y hombres, tanto en el plano de la familia como en la vida pública.

El cimiento de la relación de pareja no sería más la idealización de un sentimiento intenso y único, sino el respeto mutuo y la amistad íntima.

No hay duda que una relación igualitaria íntima cambia el modelo del amor romántico, por todos conocido y del cual fuimos consecuencia casi todos nosotros.

Tampoco se puede discordar que con la igualdad de géneros (mujer-hombre), surge la posibilidad que la pareja desarrolle una relación de amistad en cuanto a que dos individuos se otorguen recíprocamente el mismo valor y respeto.

La relación, por la que se inclina la sociedad hoy, se podría resumir en la frase: “juntos y sin embargo, distintos”. El casamiento, pensado en términos románticos, estaría tendiendo a su fin. En lugar de ello, tendríamos la posibilidad de la amistad en pareja como convivencia íntima.

Esta transformación del amor entre la pareja, habla de una transformación del modelo de la relación íntima. Ha sido remodelada y no implica más, asimetría entre los emparejados. Nace así para la pareja, la posibilidad de la amistad entre dos personas que se respetan como iguales, en sus diferencias, en sus limitaciones, en sus derechos y en sus deberes recíprocos.

No obstante la idealización de las emociones únicas continúa viva, pero no cabe duda que está cambiando. Ello explica la forma diferente de vivir entre parejas en los últimos tiempos.

Dr. Mario Quijada



 

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